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Carta abierta a Joan Manuel Serrat

29/09/2017

Andrea Aguado
(Opinión)

Querido, admirado y (ahora creo) tan poco reconocible Joan Manuel Serrat:

Posiblemente, no va a leer esto, de la misma manera que usted ha de saber que yo no escribo directamente estas líneas para que sean leídas por sus ojos, los que ahora admito que no miran en la misma dirección que yo. Esta carta va dedicada a usted por haber sido utilizado como escudo por ambas partes de esta Catalunya dividida. Recalco que esta división no es más que por la represión recibida por aquellos que con ilusión y empeño avistan llegar a un lugar mejor sin moverse de estas amadas tierras catalanas.

¿Qué ha sido del hombre que cantaba “para la libertad, sangro, lucho y pervivo”? ¿Dónde han quedado nuestras libertades después de sus declaraciones? Yo se lo digo, escondidas en un cajón esperando a que de nuevo, seamos nosotros con rosas como armas, ramos de flores, banderas y derechos los que salgamos a la calle a bañar las plazas con agua limpia y nueva.

Supongo que ese hombre, que es el mismo que se negó a ir a Eurovisión porque no se le permitía cantar en catalán, ya no siente tan suyo este pueblo. Le diré algo: de mí seguirán saliendo “paraules d’amor” hacia usted. No va a cambiar mi concepto sobre el artista, porque eso es lo que es. Y entonces, comprendo que un artista no es un entendido en política ni tiene que destacar por sus ideas ni tiene que dar ejemplo de nada. Bueno, esto último quizá sí, pero es usted (el artista) el que elige qué ejemplo dar y cómo hacerlo: defender el derecho a decidir o no hacerlo. Y con esto, recalco, no le meto en el saco de los represores ni de aquellos que actúan con el odio y la frialdad en las pupilas, le dejo en el camino del medio, en la equidistancia, algo parecido a los del PSOE, que tampoco ven garantías en la papeleta que vamos a depositar el domingo.

Pero a pesar de que intento asumir sus palabras sin que generen en mí ningún sentimiento negativo, me he decepcionado. Y digo me he y no me ha porque la decepción me la he creado yo misma, he sido yo la que sin darse cuenta desde la primera vez que escuché “Mediterráneo” en brazos de mi abuela (gloria a ti, yaya, en las alturas) le coloqué en algún pedestal sin comprender que un artista no es un ejemplo, repito una vez más.

De cuando estuvo loco no debe conservar mucho, ya. Lo entiendo. La vida en Chile es distinta que en Barcelona, Lérida, Tarragona o Gerona. El whiskey allí debe estar más bueno, ¿no? O por lo menos al lado de Ana Belén y Víctor Manuel la vida se verá diferente. Ahora igual quiere un poco más a La Puerta de Alcalá, ¿me equivoco? Espero que nos lo haga saber.

Aunque, también espero no tener que ir a allí a quitarme de encima el aroma de aquí. Usted viaja mucho, yo no tanto y le diré algo que igual no sabe: España ahora huele a hostal de carretera. Se lo explico. Un hostal de carretera simula la nostalgia de dormir en mitad de un viaje largo y descansar, cerrar los ojos sabiendo que cuando los abras volverás a retomar el camino. Acostarte con ilusión de despertarte, porque te espera algo mejor. Y a eso huele, a las ganas de acostarnos el sábado por la noche para el domingo sonreír un poco más y gritar: “me’n vaig a peu”. Pero por otro lado, un hostal de carretera es antiguo, casposo, frío… y a eso huele una parte de España. O por lo menos a mí.

Me despido, querido, admirado y (ahora creo) tan poco conocido Joan Manuel Serrat. Si es cierto que tiene alma de marinero, hable de mares con Manolo García. De mares y de lo que desee: artista (y no ideal político).

“Ara que tinc vint anys,

ara que encara tinc força,

que no tinc l’ànima morta

i em sento bullir la sang.

 

Ara que em sento capaç

de cantar si un altre canta,

avui que encara tinc veu

i encara puc creure en déus”.