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En las próximas elecciones nos jugamos muchísimo

02/05/2016

Josep M. Cortès Martí

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Estamos ante un paisaje nuevo. Por un lado, las elecciones europeas lo anunciaban y las elecciones locales confirmaban el cambio de rumbo de la política española. Por otro, una profunda división de la sociedad, no sólo de la catalana, tal como ha provocado las autonómicas catalanas y como presagiaba el referéndum.

Los resultados del 26J posiblemente aún ahonden más en el cambio paisaje que parece vaticinarse. Según se observa y a la vez se interpreta, hay una alta probabilidad de que los partidos constitucionalistas, PP y PSOE, CiU y PNV, aparte de IU y IC, se hundan y desaparezcan, o en el mejor de los casos, haya todavía posibilidades de transformarse. Son máquinas ya obsoletas que han rendido durante casi 40 años. Y son muchos, demasiados.

Recuento de votos en una mesa de la Biblioteca Central./ Jordi Corachán

Recuento de votos en una mesa de la Biblioteca Central, en las elecciones del 27S./ Jordi Corachán

Nuestra democracia, a pesar de todo, desde 1978 hasta hoy el 2016 ha transfigurado la sociedad española de pies a cabeza. Y recalco, como ya lo he escrito en estas páginas de Jordi Corachán, ha nacido una generación absolutamente nueva, que poco tiene que ver con las dos anteriores, la de los abuelos, niños de la guerra, y la de los padres, niños del desarrollismo. Nuestros hijos, ya algunos de ellos cerca de los cuarenta años, ya no son aquellos niños de los “Mundos de Yupi”.

Sin duda, las ambiciones y la frustraciones de esta generación “regeneraran” el paisaje político de la España del siglo XXI. A mi modo de ver, la situación, y sólo es una opinión, se va a dar una gran división en el seno de la sociedad española. Por una lado, un Frente Nacional que agrupará las fuerzas constitucionalistas más el C’s. Por otro toda la diversidad de las fuerzas de progreso social. Un paisaje de connotaciones republicanas del 32, pero sobre todo de aquel periodo de final de la Segunda República.

Unn paisaje convulso en la que, sin duda, será muy necesario paciencia y negociación para aceptar la diferencia y las exigencias de cada una las partes. Y digo de las partes porqué seguro que serán más de dos. El acuerdo lo marcará el fiel de la redistribución. Aspecto nada fácil, ya que el Frente Nacional querrá defender sus espacios de corrupción para hacer sus propios negocios, con amenazas de todo tipo, tal como acostumbra la derecha, como por ejemplo paralizando el transporte para crear malestar, para decantar la balanza a sus intereses privados. Las fuerzas de progreso social tendrán que agudizar hasta el extremo las diferentes estrategias para garantizar el juego del entendimiento, sin olvidar que su fuerza reside en el compromiso, la honestidad y el proyecto.

No quisiera acabar, sin referirme a unas la palabras del ex presidente de Generalitat Montilla y que mi modo de ver da en el clavo respecto a la situación catalana ya que, para que Catalunya se sienta cómoda, España debe de ser suficientemente atractiva. Viniendo de Montilla no hay ninguna veleidad de segregación, pero sin duda, coincido con el espíritu de estas palabras. En las próximas elecciones nos jugamos mucho. Muchísimo. Para que las sociedades funcionen debe de haber generosidad. Si no la hay la sociedad se rompe.