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‘La Singla’: “Carmen Amaya me dijo que sería su sucesora”

08/03/2018

Santa Coloma desconoce en gran medida su pasado flamenco. Muchos se sorprenderán cuando sepan que cuentan entre sus vecinos con una de las grandes bailaoras flamencas de todos los tiempos. Una historia que merece ser recordada, la de una gitana que triunfó en todo el mundo y encandiló a genios como Salvador Dalí. Antoñita Contreras, La Singla, es una mujer hecha a sí misma, auténtica bailaora por derecho que superó las adversidades que le reservaba la salud cuando era tan solo un bebé. Quizá le despierte la memoria a quien recuerde a la chiquilla que bailaba descalza en la película Los Tarantos, el film nominado a los Óscar en 1963. Allí se encontró con la gran Carmen Amaya, quien le confió que esperaba de ella que fuera su sucesora. Los que la vieron bailar dicen que lo hacía con tanta fuerza, entusiasmo y genio que parecía querer espantar a toda una niñez de pobreza y dificultades. Hoy un tablao flamenco en la calle Marina 181 de la ciudad condal lleva su nombre y la pone en valor, un espacio repleto de sus recuerdos, los que ahora comparte con nosotros.

¿Cómo fue tu niñez en el Somorrostro?

Lo recuerdo muy bonito. Había mucha pobreza pero éramos felices y estábamos muy unidos. Muchos no tenían luz y faltaba la comida. Nos visitaba un fraile que ayudaba a los gitanos y nos regalaba juguetes. Y luego estaba un payo que corría mucho con la bici y al final me “pilló”, me pusieron muchos puntos y a él menuda bronca le cayó.

Fuiste muy feliz a pesar de no oír ni hablar.

Sí. Me llamaban “la múa”, no dije nada hasta los 14 años. De bebé tuve una infección que me dañó los tímpanos y entonces dijeron a mis padres que sería sordomuda.

Y aún así bailaste a muy corta edad.

Siempre bailé. Bailaba mucho delante del espejo. Y no tenía compás, pero me fijaba en las manos y en la boca de mi madre, me hacía los doce compases y así iba haciendo. Y a la gente le gustaba mucho. En los bares mi madre me decía “¡báilame!”. Y los clientes contentos nos daban unas monedas. Un guitarrista gitano muy bueno que se llamaba Juan Aguilera me enseñó mucho también.

¿De dónde sacabas la inspiración?

Yo sacaba el ritmo de la vibración de los sonidos. De los coches, del tren, del tranvía, que entonces hacían mucho más ruido que ahora. Todo eso me inspiraba y entonces me salían los pasos. Fui aprendiendo yo sola a base de mucha constancia. Y cuando ya empecé a bailar mejor y actuar en público, bailaba ‘pegaíta’ al guitarrista, necesitaba ver su mano en la guitarra.

Y empezaste a participar en espectáculos siendo muy joven.

Sí. En la Costa Brava de bien pequeña ya bailaba por los hoteles. Y con 14 años, que yo aun no tenía el “carné de artista”, estuve en “Los Tarantos” de Barcelona. Estando allí, un representante llamó a mi padre para que me llevara a Madrid. Llegué al tablao “Los Califas” como una niña de pueblo, con una maleta de cartón amarrada con cuerdas y un abrigo de pelo que me dejaron que me caía grande, “como mangante ‘perdía’”, tanto que el dueño no quiso ni verme. Nos trató mal, pero nuestro representante le dijo “cállate, tienes que verla bailar”. Y acabamos firmando un contrato en exclusiva para toda la vida.

Las apariencias engañan.

Yo no tenía ropa flamenca ni nada. Porque el representante le insistió, que si no, no me hubiera dado ni la oportunidad. No nos gustó el trato que nos dio y estuvimos de abogados tres años para anular el contrato. Lo bueno es que allí trabajé junto a Chiquetete y otras grandes figuras. También me llevaban a las fiestas del marqués de Villaverde, actué con Raphael y empezamos a conocer a otros representantes y a grandes músicos. A partir de los 14 empecé a trabajar por toda España. Salvador Dalí venía a verme a menudo, me invitó dos veces a las fiestas en su casa. Y allí los invitados hablaban bajito “¡Uy, la Singla! ¡Qué mujer!” y yo al lado, sin que se creyeran que ella era yo.

Antes de esto, ¿cómo dieron contigo para participar en “Los Tarantos”, la película de Francisco Rovira-Beleta?

La verdad es que no lo sé. Puede que me vieran en la Costa Brava, o quizás fue por el artículo de un periodista que me vio en la Maestro Lara. Sé que hablaron de mí a Alfredo Mañas y que le gustaba cómo bailaba las rumbas. En la grabación pasé mucha vergüenza, no me lanzaba a bailar. Pero tenía el cariño de los compañeros y en especial el de Carmen Amaya.

¿Cómo la recuerdas?

Era estupenda, me quería y me valoraba mucho. Me hacía bailar delante de ella y de su marido, querían llevarme a América, pero no me dejaron. Me dijo que yo sería su sucesora. Nos parecíamos, porque éramos las dos muy humildes y sencillas y bailábamos con mucha fuerza. La pobre pasó mucho frío en la grabación y se puso muy enferma, la iba a ver a su hotel y se ponía contentísima.

Háblame de la gira por Europa.

Con 16 años un representante concretó varias actuaciones por Europa y reunió un grupo muy bueno para hacer una ‘tourné’. Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Juan Maya Marote, el Lebrijano, María Vargas, la Tati, Pepe Habichuela… Actuamos en Suiza, Viena, Londres, París, Stuttgart, Bristol, Copenhague y otras tantas. También participamos en el Festival Flamenco Gitano de Alemania, que fue un éxito total.

Fue una gira muy exigente para todos.

Sí, viajábamos durante días. A mí me daba miedo volar así que viajábamos en un autocar muy grande o en tren. Fue una experiencia muy bonita pero no me representaron bien, me invitaban a participar en muchas películas, con Joselito por ejemplo, y se negaban porque no iban a pagarnos. El representante se preocupaba de ganar dinero con las actuaciones. Recuerdo que nos dijo “gano más dinero con La Singla que con Tina Turner”, a quien también representaba. Y es que llenábamos todos los teatros. Actuamos en un Royal Albert Hall de Londres lleno hasta los topes, había gente sentada en el suelo, se dobló su capacidad. Se mataban por la entrada. Cuando aplaudía el público parecía que se iba a caer.

¿Cuánto tiempo estuviste bailando profesionalmente?

Trabajé durante muchos años, pero al año de casarme tuve un problema de tiroides que me impidió bailar. Los médicos no daban con lo que era y esto me provocó una depresión. Así que con unos 29 años tuve que retirarme. Fue una pena, muchos artistas querían trabajar conmigo, tenía mi compañía y muchos contratos. Me seguían y me llamaban, como el representante de Lola Flores o el de Isabel Pantoja. Y recuerdo especialmente a José María Íñigo, que insistió muchísimo en que fuera a su programa. No sabían que estaba enferma.

Y ahora, ¿cómo te encuentras? ¿Qué te hace feliz?

Soy feliz aquí, en Santa Coloma con mi familia. Los tengo muy cerca y nos juntamos a menudo, hacemos nuestras fiestas y lo pasamos muy bien. Mis nietos son los que más me hacen disfrutar. Lo que yo hubiera querido es seguir bailando durante toda la vida, pero no pudo ser, así que disfruto de mi gente y de su arte. Como siempre, llevando una vida sencilla junto a los míos. Pilar Tomás

Las fotos en blanco y negro son del prestigioso fotógrafo Xavier Miserachs