Archivos

Santa Coloma no ha hecho ningún contrato con Efial, investigada por corrupción

07/07/2016
Dimas Gragera, portavoz de Ciudadanos. Foto: C's.

Dimas Gragera, portavoz de Ciudadanos. Foto: C’s.

La ciudad de Santa Coloma no se verá salpicada por el caso Efial. El secretario municipal ha certificado hoy que el Ayuntamiento no ha tenido ninguna relación con la empresa sobre la que gira una trama de corrupción en decenas de ayuntamientos de Catalunya y Madrid. Tras la verificación del alto funcionario municipal, el Ayuntamiento ha desmentido formalmente una hipotética vinculación con la causa que instruye el juzgado del Vendrell, tal y como insinuó Ciudadanos en una nota de prensa y difundió por las redes sociales.

La actuación de Ciudadanos ha provocado indignación entre el equipo de gobierno y el PSC ha solicitado una rectificación pública. Los socialistas califican de «enorme irresponsabilidad» la acción de Ciudadanos, que ha hecho «un aprovechamiento vergonzoso de la actualidad política, despreciando la imagen de la corporación y por extensión del nombre de Santa Coloma de Gramenet».

En su nota oficial, el portavoz de Ciudadanos, Dimas Gragera, anunciaba: «C’s ha registrado esta mañana una solicitud de información en el Ayuntamiento de Santa Coloma para conocer si existen, o han existido con anterioridad, contratos con la consultora EFIAL, empresa vinculada a la “operación Termyca”, llevada a cabo ayer por el titular del Juzgado Número uno de El Vendrell, Josep Bosch, y en el que se han visto implicados varios ayuntamientos catalanes».

El secretario municipal ha certificado: «En el Ayuntamiento de Santa Coloma, una vez consultados los registros contables desde el año 2007 (que es el año de la fundación de EFIAL Consultoría. SL), incluido, se ha comprobado que NO figura ningún pago ni por tanto, se ha realizado ninguna contratación, con la empresa EFIAL Consultoría SL, con NIF B64610298».

[+] Info: Artículo publicado en febrero de este año en el Diario de Santa Coloma

La máquina del fango

jordi corachan_optJordi Corachán

El mundo de la Cultura llora estos días la muerte de Umberto Eco (Alejandría 1932), uno de los grandes de la semiología, la novela y el periodismo. El mundo lamenta el fallecimiento, e Italia, también, cuando aún está viva la polémica por la publicación de su última novela, Número Cero, un retrato descarnado de las miserias que comparten el periodismo y el poder. Que nadie crea que la crítica era un ataque al periodismo y la política, sino una reivindicación de los periodistas y los po- líticos honestos, en estos tiempos de corrupción y mal uso de las redes sociales.

La Máquina del fango decía el intelectual. “Para desligitimar a alguién es suficiente con decir que ha hecho algo, aunque sea normal lo que hace”, declaró a Salvados en una entrevista hecha en Bolonia, dónde vivía. Eso pasa en determinada prensa y, de una manera bastante generalizada, en Twitter, Facebook y otras redes sociales. Lo vivimos también en grupos de Facebook que tratan cuestiones de Santa Coloma, en los que se debaten asuntos serios, pero también se difunden rumo- res, se insulta y se difama de manera bastante sistemática.

Umberto Eco criticó el periodismo escrito para tratar de hacerlo mejor y evitar que desaparezca, consciente de que es una garantía de control del poder y una fábrica de hacer ciudadanos libres, ante el marasmo digital. Es cierto que las redes sociales son un espacio

interesantísimo, pero no puede ser que valga lo mismo la opinión de un Umberto Eco que la de un troll o cualquier calumniador o manipulador. Alguno dirá que el problema de la prensa es que se ha vendido al poder, y en algunos casos no le faltará razón, pero la situación es aún reversible. De ahí, la crítica descarnada de Eco.

El protagonista de Número cero es un periodista cincuentón, apellidado Colonna, que está enfrascado en 1992 en el lanzamiento de un nuevo diario, Domani, que prescindirá de los hechos contrastados para dar pábulo a suposiciones, rumores y maledicencias. Detrás hay un misterioso editor; quizá Berlusconi, aunque en nuestro país encontraríamos otros paralelismos. El caso es que al empresario no le interesa el negocio de la información, y aún menos la búsqueda de la verdad; solo fabricar un libelo que le sirva para presionar y extorsionar a políticos y empresarios.

Il Professore estaba convencido de que la prensa escrita recuperará su prestigio cuando la gente se harte del guirigay en internet,

¡Dios le escuche! Pero hay unos nuevos hábitos de lectura, entretenimiento y desahogo. Además, la prensa tiene que combatir la máquina del fango de las redes sociales, pero también la que generan algunos centros de poder. En definitiva, estar del lado del lector.